martes, 16 de septiembre de 2014

10 años con diabetes: ¡Así es mi vida!

¡¡Mis primeras glucometrías!!

Ya han pasado 10 años desde que ingresé por urgencias para ser diagnosticada con diabetes tipo 1. Pero contrario a los que muchas personas pensarían o creen saber sobre diabetes, en mi vida no es la enfermedad aterradora que nos han mostrado. Después de llorar durante los dos días que estuve internada, y procesar la noticia, la diabetes se convirtió en mi estilo de vida, un estilo de vida donde no hay cabida para compadecimientos.

El estereotipo diabético que nos enseñan o muestran en los medios, no son compatibles con mi experiencia ni se acercan a mi realidad. No hay duda que la diabetes es una enfermedad que conlleva muchas complicaciones si no es controlada, pero la experiencia de vida es diferente en cada persona con diabetes y hay quienes no logran por alguna razón controlar la enfermedad ni acomodarla a su rutina, pero ésta no es razón para generalizar.


Primero que todo, los tipos de diabetes marcan una gran diferencia en la causa y tratamiento de ésta. La mía, tipo 1, no se puede prevenir y menos predecir. Superado el tema de acceso a especialistas y a medicamentos e insumos (muy común que en países subdesarrollados como el mío, se niegue o limite), viene la información. Un paciente con una educación diabetológica correcta es un paciente que conoce las herramientas, aprende a manejarlas y que puede actuar y tomar decisiones en el momento necesario. Eso quiere decir, que puede independizarse y tomar el control sin atemorizarse. 

En vez de adaptar su vida a la diabetes, adapta la diabetes a su vida. Esto, con suficiente autoestima y aceptación de la diabetes, nos permiten movernos en una rutina personal y social donde la calidad de vida prevalezca.

Y así es mi vida con diabetes. Aunque por la edad a la que fui diagnosticada (24 años), terminando mi carrera profesional y con un viaje largo que tuve que aplazar en su momento, hubiese pensado que es lo peor que ha pasado en mi vida, no es así. Lo acepté desde el primer momento, me tomé el arduo trabajo personal de investigar, educarme, ser curiosa, atreverme a cometer errores y aprender de ellos. En lugar de esconder mi condición, enseñar a través de ésta; en lugar de ubicarme en posición de víctima, ser mi propia heroína; en lugar de buscar responsables, hacerme responsable de mí misma; en vez de atemorizarme, superar cada reto; y con una actitud positiva, seguir sin lamentos con mi vida.

Aún queda mucho camino por recorrer, aunque algunas veces me pregunte ¿Que hubiese pasado si ese 16 de septiembre del año 2004 hubiesen trascurrido normal y no me hubiesen diagnosticado con diabetes?

Tengo una respuesta por cada año:

1. No escribiría un blog y menos sobre diabetes, tal vez de gatos. Este blog se creó para contrarrestar todas esas noticias amarillistas y dar una mirada positiva a la diabetes tipo 1, un espacio donde cuento mis experiencias, y también expreso mi punto de vista en temas relacionados.

2. No conocería gente tan maravillosa, “berraca” y apasionada por su bienestar y la vida. Es motivante encontrar otras personas con diabetes (otro de los objetivos del blog) en mi país y de muchos lugares del mundo con los que compartimos las mismas experiencias y con otros blogueros ansiosos también de dar a conocer la diabetes desde otro punto de vista.

3. No sabría para qué sirven ni donde quedan las células beta, mejor dicho no sabría que existen. Y otras funciones del cuerpo que la mayoría de la gente ignora. Todo, sin ser profesional de la salud.

4. No tendría la fortaleza de superar otros imprevistos tanto en la salud, como mi vida personal. La diabetes me ha enseñado a medir con más detalle las circunstancias y enfocarme en lo que verdaderamente es importante, así como superar cada obstáculo.

5. Mi familia no sería tan saludable. Y es que desde el primer momento el entorno familiar más cercano empieza a aprender y poner en práctica los buenos hábitos alimenticios que tenemos que llevar todas las personas. Nada más satisfactorio que ver a tus padres analizando y comparando las etiquetas nutricionales.

6. No llamaría la atención de tantas miradas curiosas. Definitivamente no paso desapercibida. Sólo necesito una jeringa para llamar la atención.

7. No sería tan interesante. Y es que todas las personas con diabetes deleitamos a quieres les da curiosidad y quieren aprender más sobre esta enfermedad y nuestro estilo de vida.

8. Tal vez no tendría tatuado el brazo. Si, podemos tatuarnos!! Ya tenía un tatuaje antes de la diabetes, pero no sería el único. Con mi diagnóstico tuve una razón más para hacer arte en mi cuerpo y en un lugar visible, así que me hice un tatuaje identificativo. Derrumbando otro mito más.

9. No hubiese tenido la experiencia más amorosa y maravillosa. Adoptar a Nutella, mi gatica diabética, (QEPD) y poder cuidarla como a mí misma con el conocimiento que tengo sobre diabetes. Además también la llevo tatuada en mi espalda.

10. No agradecería y valoraría cada célula de mi cuerpo y cada día de mi vida. Antes despertaba y simplemente seguía con mi rutina. Hoy, con diabetes, cada nuevo día es otra oportunidad de seguir y saber que cada segundo es valioso, y ese mismo segundo te puede cambiar la vida.

Y la ñapa: No estaría escribiendo un libro. Algún día lo terminaré y aunque nunca esté en las librerías y sólo mi familia lo lea, será una satisfacción más.

Muchos pensarán que la diabetes es una tragedia en la vida, y lo será si no mejoran la autoestima, se educan y toman el control de sus vidas con diabetes.


¡Feliz diabecumple para mí!


(Es una experiencia personal, si quieres compartirla, no olvides mencionar la fuente www.blogdiabeticotipo1.blogspot.com por Carolina Zárate)


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