martes, 3 de marzo de 2009

Mi primera inyección de insulina!

No sales de aquí si no te aplicas la insulina sola...Algo así me dijo la enfermera que me atendía en la clínica, el temor no me dejaba escuchar bien sus palabras...Pensé, bueno, lo haré esta vez pero después tal vez alguien pueda hacerlo por mí, que equivocada estaba, esas cosas solo las puede hacer uno mismo, algo así como ir al baño o cepillarse los dientes, sería parte de mi rutina.

Ya en casa, con la cara hinchada por el suero, observaba las jeringas que me habían obsequiado, ¿Cómo lo haré la próxima vez?, esas horas no descanse, hasta llegar la noche y por ende el martirio y la preocupación comenzaron...

Debes calentar la zona a aplicar y limpiarla, me dijeron...eso es fácil, mejor dígame como no sentir miedo. Observaba la insulina, con miedo a dañarla o romperla, introduje la jeringa en ella y mientras extraía ese líquido pálido mi mente quería despertar del sueño, mi cuerpo salir corriendo y así olvidar esa macabra pesadilla. Bueno, ya saben que no fue una pesadilla, me levante la camiseta a la altura del ombligo, calente la zona como me dijeron y acerque con el mayor de los temores la jeringa, paso a paso iba entrando, desapareció en mi barriga y deje aquel líquido en mi cuerpo. Un pellizco tierno detrás de una sonrisa en mis labios, lo logré!, un poco de tranquilidad pero ya temblaba por el día siguiente.

Ya van 2.200 inyecciones, un poco más tal vez, ya perdí la cuenta, pero debo confesar que en algunas ocasiones siento el mismo miedo de la primera vez. Ya conozco el ritual, calentar la zona y pocas veces la limpio, veo brotar sangre cuando no lo hago bien y algún morado me recuerda inyectar correctamente la próxima vez. Ha sido un proceso, encontrar la jeringa a mi medida, probar en que zona del cuerpo me duele menos o actúa mejor; mejorar el pulso al inyectar dentro de un carro en movimiento, muchos detalles que con el pasar del tiempo son como respirar.

Al principio olvidé en algún momento mi inyección, pero ahora es parte de mi diario vivir, como el cerrar la puerta de la casa al salir. Si eres diabético sabrás de que hablo, si no lo eres pensarás que es un castigo, si eres debutante estarás llorando; a todos les digo que por vivir cualquier sacrificio vale la pena y seguramente duele más una gripa que esta dulce enfermedad.

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